Fue Epícteto en los comienzos de la era cristiana, quién sentó las bases de la propuesta epistemológica del constructivismo radical con una sentencia:
No son las cosas las que nos inquietan, sino las opiniones que tenemos de las cosas”
De esta forma se marcaron dos realidades: la de primer y la de segundo orden.
La realidad de primer orden nos permite percibir una realidad o un objeto a través de nuestros órganos sensoriales y la percepción directa, mientras que la realidad de segundo orden es el resultado de la atribución de sentido y de valor que le damos a esa experiencia u objeto. Cuando un hecho salta a nuestra visión a través del sistema nervioso central, de pronto nos encargamos de atribuirle un significado y lo visto de inmediato ya no tiene ninguna validez objetiva. Lo que emerge son sólo atribuciones de sentido con un catálogo contigente. Como el ejemplo que nos ofrece esta maravillosa historia oriental:
Un hombre, en un día muy caluroso, caminaba con su pequeño hijo por un camino polvoriento. El padre guiaba al burro donde el pequeño iba montado, y cuando aparece un grupo de personas que caminaban en la dirección contraria, el hombre oye lo siguiente: “Fíjense, el hombre a pie, y el hijo montado en burro. ¡Cómo mima el padre a ese chico! Qué será de él el día de mañana, cuando no sepa valerse por sí mismo”. Cuando el hombre oyó esto, bajó a su hijo del burro, se montó en él y prosiguió el camino. Cuando apareció de nuevo otro grupo de personas, el hombre oyó lo siguiente: “mírenlos, él hombre montado, y el pobre pequeñuelo tiene que ir a pie en un día tan caluroso como este. Este hombre, ¿no tiene compasión por su hijo?”. Entonces el hombre tuvo que optar por montar junto a su hijo el burro, y pasado unos kilómetros se encontró con otro grupo de personas que exclamó: “Dos hombres en un burro, ¡pobre animal! ¿Es que acaso no tienen ninguna consideración ni respeto?” Tras oir esto, el hombre y su hijo bajaron del burro y comenzaron a caminar junto a él. De pronto, a la distancia, aparece nuevamente un nuevo grupo de personas, que al pasar por su lado susurran: “Qué estúpidos, teniendo un burro, caminan a pie con este calor”.
Sin embargo aún persisten ciertas miradas que pretenden ser objetivas en el trabajo y la relación terapéutica, “midiendo” los fenómenos relacionales en una sola dirección, con resultados que señalan intereses y sentidos sin sentido, como el de la normalidad y la patología para definir una conducta, sin caer en cuenta que somos nosotros los que atribuimos una significación a este mundo, con una definición absolutamente peligrosa.


